El año de blanco: metas para iyawós


El tradicional chal blanco que usan las iyawós.

Convertirse en un iyawó es una gran prueba para muchas personas. Para empezar, es difícil ahorrar dinero en esta economía para hacer kariosha (el proceso de asentar el orisha en la cabeza / cuerpo de una persona), también es laborioso encontrar padrinos buenos que están dispuestos a enseñar y entrenar a un nuevo iniciado correctamente, y, finalmente, es un proceso de profundos cambios y de adaptación como ningún otro, que no es para tomarse a la ligera.


Por lo tanto, si una persona tiene que pasar por muchos pasos para llegar a kariosha, tiene todo el sentido del mundo que verdaderamente manifieste ese compromiso, no sólo siguiendo todas las reglas del año iyawó, sino también, mediante el establecimiento de metas para ayudar a lograr las bendiciones y a manifestar ashé durante ese año.


Estas metas no tienen porqué ser difíciles de cumplir, ya que de por sí los iyawós enfrentan una gran cantidad de presión adaptándose a reglas y tabúes, como lo es usar su ropa blanca en todo momento, evitar ser tocado, evitar el tomar las cosas directamente de manos de otras personas, mantenerse al día con posibles restricciones de comida y mucho más.


Durante mi año iyawó en 1998 yo me fijé por cuenta propia algunas metas. Nadie me dijo que hiciera esto, pero está en mi naturaleza ser estructurada, además para mí era fundamental el establecer la mejor relación posible con mi orisha. Yo había oído hablar de muchos mayores de la importancia de la disciplina, del respeto y la devoción a los compromisos contraídos y de cómo durante año se establece el tono para una vida de gracia espiritual a partir de las decisiones que el iyawó tome. Estaba decidido a que sólo había un camino para mí: hacer las cosas bien.


¿Por qué es de importancia fijar metas durante este primer año? Bueno, hay una variedad de razones. Yo puedo dar tres razones que son lo suficientemente potente para mí: El respeto, la disciplina y la devoción.


La disciplina puede tomar cualquier forma que quieras, pero principalmente tiene que ver con atenerse a las decisiones que tomamos como iyawó. Hacer kariosha es sólo un paso, el proceso de crecimiento durante el primer año es otro tipo de una iniciación en sí mismo, uno personal en el que descubrimos los cambios que se despliegan desde el interior en nuestro ser. A fin de entender estos cambios profundos es importante desechar viejos patrones y aprender a aceptar los cambios a la mano que deben ser para depurar al iyawó. Una manera de hacer esto es a vivir por las reglas. Permítanme ilustrar esto con algunas reglas y cómo yo las viví.


Mi primera meta como iyawó fue no meterme en problemas. Yo quería evitar peleas, chismes, las situaciones que sobrecalentaran mi cabeza. Mantenerme alejada de los problemas se correlaciona directamente con una regla que es de evitar las multitudes, salir de noche, y, otras cosas señaladas en el artículo “Reglas Básicas Iyawo”. Por lo tanto, el lema de mi año de iyawó se convirtió en: Mantener la paz a toda costa. Por lo tanto, comencé a desechar viejos patrones, a evitar las malas lenguas y simplemente a alejarme de la gente que parecía atraer el drama como si fueran imanes.


Mi segundo objetivo era usar mi ropa blanca y mantenerla blanca. Cuando yo hice kariosha trabajaba como presentadora de noticias, por tanto, era imperativo usar ropa normal durante el día. Esto me lo odiaba, pero las obligaciones contractuales eran vinculantes. Para mí la mejor parte de mi día era llegar rápido a mi casa y quitarme toda esa ropa mundana y de inmediato darme un buen baño y vestirme de pie a cabeza con mi ropita de iyawó. Sólo entonces me sentía bien. La elección no fue fácil, yo necesitaba el trabajo para alimentar a mi familia, afortunadamente el orisha entendió y se verificó durante mi itá donde se afirmó que era imperativo llevar esta ‘doble vida’ para preservar mi trabajo de entonces.


Sin embargo, tengo que decir que el estar vestida de blanco me llenó de miedo al principio porque yo sabía que iba a sobresalir dondequiera que iba, particularmente siendo una figura pública. Esto poco a poco se hizo más fácil, me puse mi blanco con corazón humilde, aprendí a mantenerme limpia, a pasar por alto los comentarios de personas ignorantes, a sonreír a aquellos que reconocían mi estado como nueva iniciada y me enviaban bendiciones al cruzar los brazos o saludarme a una respetuosa distancia. Pero, sobre todo, aprendí que el color blanco que me separaba del mundo, también me protegía.


Una vez que se terminaba con mis obligaciones laborales, en ningún momento salí de mi casa sin mi ropa blanca, nunca caminé descalza como veo que lo hacen muchos hoy en día. No sé cómo no pueden entender la importancia de proteger el cuerpo de las fuentes de contaminación física y espiritual algunos iyawós hoy día. Hay tantos que quieren buscar maneras de romper reglas, sólo se engañan a sí mismos, son ellos los que pierden, nadie más. ¿Para qué molestarse juramentándose a los orishas si no pueden siquiera atenerse a lo básico durante doce meses? ¿Qué clase de futuro olosha se está desarrollando en una persona que carece de la disciplina y la fortaleza?


Mi tercer objetivo fue el tener tiempo para dedicar a diario a los orishas. Esto para mí significaba comer en la estera en cada comida posible y tratar de tomar una siesta ocasional ahí también. De hecho, ese rato de reposo por lo general me dejaba con ideas interesantes que me llegaban en sueños.


Mi cuarta meta para el año no fue parte de las reglas que siguen los iyawó, fue más bien un reto personal. Quería encontrar algo para mantener mis manos ocupadas y ser capaz de contribuir al ilé. La costura fue lo que seleccioné y empecé a trabajar en los patrones para ashó orisha (prendas de iniciación de orishas) y que me mantuvo ocupada durante meses, esto a la vez se desarrolló para mí en una especie de meditación activa y un espacio para orar mientras diseñaba y cosía ashó orisha.


Mi tercer objetivo fue el tener tiempo para dedicar a diario a los orishas. Esto para mí significaba comer en la estera en cada comida posible y tratar de tomar una siesta ocasional ahí también. De hecho, ese rato de reposo por lo general me dejaba con ideas interesantes que me llegaban en sueños.


Por último, quería aprender a hacer una rogación de cabeza, ser experta en la adivinación obí y empezar a estudiar cómo leer el dilogún. Me las arreglé para hacer todas esas, aunque no con toda la profundidad que quería en ese año, no es que no he llegado a un grado de competencia en todos esos renglones, pero he encontré que un año pasa muy rápidamente.

Cuando el año terminó, me tomé un tiempo para contemplar el crecimiento que había hecho, así como mis defectos. Yo quería hacer algo más, quería contribuir a mi ilé, pero más que nada, quería compartir con otros iyawós que el proceso es uno que hay que apreciar y disfrutar, que no hay nada comparable a estos doce meses y que deberían ser disfrutados al máximo.

Omimelli

Oni Yemayá Achagbá

Nota de la autora: Este articulo fue publicado originalmente el 14 de agosto de 2011.


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