¿Sobrevivirán los lukumí a la América de Trump?

Updated: Oct 23


Las semillas de la intolerancia y el odio

Una de las pocas bendiciones que COVID-19, si es que la podemos catalogar como una bendición, nos ha traído es el tener mas tiempo para considerar temas que habían estado relegados. Temas como la libertad religiosa, el crecimiento de radicalismo y la derecha religiosa y la amenaza potencial que podrían representar para otras religiones en su fanático celo supremacista blanco.


Voy a dejar bien en claro desde un principio que yo no abogo por usar la religión para avanzar causas sociales. Para mí, la religión lukumí es mi manera de vivir con los orishas. Yo soy lukumí por amor, mi placer y satisfacción religioso proviene de mi relación con los orishas y con mi familia religiosa. Sin embargo, veo las oportunidades que los grupos religiosos tienen de mejorar la sociedad. Que no quede duda de ello. El apoyar causas sociales es importante para todos los lukumí, no sólo para beneficiar a un segmento de la comunidad lukumí. En particular es preferible si dichas causas trascienden a nuestras comunidades lukumí y mejoran a la sociedad en general.

Yo crecí en el seno de la iglesia católica. Y sin ofender a los que se aferran aun al catolicismo, yo me estoy aún recuperando de ese trauma. Se muy bien el gran poder que ejerce la estructura de la Iglesia. Este poder, cuando se usa correctamente, puede mover montañas. Habiendo dicho esto, no todas las iglesias son lugares de luz. Hay oscuridad en todas ellas. También hay oscuridad y luz en el modelo predilecto de congregaciones para los lukumí, que son las casas templo o los ilés.


¿Adoptarán los lukumí el modelo de las iglesias? ¿Necesitan considerar el aprender de un modelo que ha dado buenos resultados para otras religiones organizadas?

La iglesia y los Lukumí

Cuando pensamos en los lukumí tratando de ponerse de acuerdo sobre preceptos y conceptos fundamentales, lo primero que me llega la mente es un rebaño de gatos. Aunque parezca gracioso, a veces lo que observo al ver a mayores y a jóvenes debatiendo sobre rituales e iniciaciones todo lo que oigo es a gatos silbando y maullando. Como comunidad, debemos superar estas disputas. Necesitamos ser más inteligentes y mirar el panorama general, dejar de lado la minucia de los rituales y contemplar el poder de las estructuras en la sociedad actual, que se vuelve cada día más intolerante. Todos podemos estar de acuerdo en estar en desacuerdo sobre la letra pequeña sobre algunas de nuestras prácticas.

Las iglesias saben usar su poder

Sin embargo, no podemos permitirnos el lujo de sucumbir a una mentalidad mezquina que nos atrapa aislándonos en nuestros templos caseros mientras otras religiones se vuelven fuertes e influyentes a través de sus grandes bases de miembros y grandes bolsillos llenos de dinero y gracias a sus recursos. El total de sus congregaciones y sus recursos unificados se usan para impulsar eficazmente sus agendas religiosas, sociales y políticas.

¿Por qué es que los lukumí no pueden pensar en grande?

El tribalismo vs. el modelo de la iglesia

Desde que empecé a aprender sobre lo lukumí cuando era niña, el concepto de practicas centralizadas era anatema a la practica de la Regla de Osha. Esta mentalidad no ha cambiado.

Oba Ernesto Pichardo

Tome por ejemplo, en la década de los 90, la dura batalla que ganó en la Suprema Corte Obá Ernesto Pichardo y la Iglesia Lukumí Babalú Ayé (CLBA por siglas en inglés). La CLBA se convirtió en un emblema de la libertad religiosa. En la unión y en los números está la fuerza.


La diligencia y la inteligencia ganaron la batalla. Sin embargo, una vez que los titulares en las noticias se disiparon, muchos lukumí siguieron su camino, llevando a la mano la libertad ganada para todos, pero dando la espalda a la CLBA. Claro está, en favor de la autonomía de sus casas templos y con la falta de responsabilidad en general y de rendirle cuentas a nadie lo cual es el estatus quo preferido de los lukumí.


¿Por qué es que algunos lukumí son tan inherentemente ingratos? ¿Por qué es que permitimos esto en una comunidad religiosa? ¿Qué es lo que dice esto de nosotros como comunidad religiosa? ¿Cómo somos percibidos por otros a base de nuestras elecciones?

Me pregunto si es que la religión lukumí lleva consigo una “mancha”, a falta de una mejor descripción, que nos marca desde nuestros comienzos en las Américas. Esta mancha es un espíritu implacable de individualidad alimentado por el deseo de continuar el viejo modelo de reinos yoruba en el Nuevo Mundo. El Nuevo Mundo que encontraron los yoruba fue brutal y la supervivencia era necesaria. Para sobrevivir, el control y la influencia se valoraban a la par con la devoción a los orishas.


Enclavado en el centro mismo de los orígenes de la religión lukumí en Cuba, existe un fuerte sentido de tribalismo. Podemos verlo manifestado en la fundación de cabildos, sociedades y la adherencia a las prácticas dictadas y favorecidas por linajes, ramas y templos en las casas. Todas estas cosas apuntan a una cosa, la tendencia a aislarse y la falta de comprensión de que realmente hay fuerza en los números. En la unión está la fuerza.

Quizás es por eso que todo intento de centralizar, de crear estructuras que serían de mayor beneficio para el creciente número de practicantes de lukumí en las Américas y más allá, fracasa. El modelo donde se favorece más autonomía está tan arraigado en nuestros comportamientos que hemos dejado de cuestionar su vigencia actual.

Además, hemos dejado de contemplar cómo será el futuro si ni siquiera nos atrevemos a imaginarlo, al lukumí ferozmente independiente, yendo más allá del tribalismo, y, aprendiendo a dejar de lado la mentalidad de "en mi casa lo hacemos así". ¿Pueden los lukumí comprender y adoptar una mentalidad global de diversidad e inclusión?

Somos tan competitivos y tan mezquinos que somos todo, menos inclusivos. No nos gusta dar cuenta de nuestras prácticas más allá de las paredes de nuestros templos hogar. Preferimos no soñar con un futuro en el que podamos estar juntos, respetuosos de la individualidad, pero aprovechando al máximo la importancia que tiene la fuerza de los números. Una fortaleza que solo puede lograrse utilizando las estructuras que otras religiones organizadas y reconocidas entienden y explotan.

Había una vez y dos son tres, cuando yo era una aleyo ingenua, me atreví a soñar con algo hermoso. La Organización para la Unión Lukumí o OLU por sus siglas in inglés. Yo quería un lugar donde nos pudiéramos apoyar los unos a los otros, sin importar nuestro rango o la falta del mismo. Encontré el apoyo de muchos mayores quienes compartieron mi visión sin importar que yo era aleyo. Ellos me apoyaron.

Ya para ese entonces se acercaba la fecha para mi kariosha. Cuando llegó el momento, OLU ya estaba en su etapa inicial. Pero tuve que hacer una difícil decisión, retirarme del OLU por mi año de iyaworaje y poner la recién iniciada organización en manos de otras personas. Eventualmente el OLU sucumbió. No estoy segura que fue lo que pasó. Sospecho que fue victima del tribalismo. Tal vez hubo luchas por pode3r, o tal vez, se le desinflaron las velas al barco.

Hoy día, los grupos en espacios sociales abundan, muchos de ellos revuelven alrededor de gente carismática. Algunos de estos grupos han brindado frutos y ayudan a engendrar un sentido de comunidad. Otros están centrados alrededor de educación, pero ninguno ha logrado cumplir con lo que realmente hace falta: lograr un respeto a nivel nacional e internacional que se compare pelo a pelo con las religiones centralizadas y organizadas.

Seguimos siendo una religión marginalizada. El liderato y sacrificio del obá Ernesto Pichardo y a la visión de la CLBA obtuvieron una importante victoria con la Corte Suprema afirmando el principio de que las leyes dirigidas a religiones específicas violan la cláusula de libre ejercicio de la Primera Enmienda. La victoria logró más que eso. Por primera vez, nosotros, los Lukumí, tuvimos impulso, una voz bien articulada y una estructura central de la Iglesia en la que apoyarnos para hacer crecer nuestro número, nuestra fuerza y ​​nuestra voz.

Sin embargo, desde mi perspectiva, esta victoria ganada con tanto esfuerzo le dio a los Lukumí un lugar bajo el sol, y, con eso también vino una sensación de seguridad y libertad. Algunos de nosotros vimos desde la distancia el inmenso sacrificio y el precio que tuvo la victoria legal de Babá Pichardo y quienes lo apoyaron. Algunos de nosotros permanecemos hasta el día de hoy agradecidos por su trabajo constante y su dedicación para elevar no solo a algunos de nosotros, sino a todos y cada uno de nosotros.


Babá José Merced

Es gracias a babá Pichardo y su estoica misión al igual que por el apoyo de Becket Religious Liberty for All, que cuando el mismo asunto vino a tocar la puerta del ilé de mi padrino en Texas, emergimos victoriosos una vez más.

Por otra vez, los lukumí tuvieron que llevar a los tribunales el derecho al sacrificio de animales. José Merced de Euless, Texas, demandó a la ciudad después de que las autoridades le dijeron en 2006 que necesitaba un permiso para sacrificar animales, incluidas cabras, ovejas y tortugas. Merced había realizado rituales religiosos sacrificando estos animales durante 16 años sin incidentes. La Corte de Apelaciones del 5º Circuito de los EE. UU. Dictaminó en Merced v. Ciudad de Euless, que la ciudad había violado la libertad religiosa de Merced.

Pocos conocen realmente las angustias financieras, espirituales y emocionales que estos casos causaron tanto a babá Pichardo como a babá Merced. Pocos estamos verdaderamente agradecidos para con estos sacerdotes ejemplares. Sin embargo, he escuchado innumerables veces a sacerdotes jactarse de sus derechos y libertades y poner en peligro a quienes practican imprudentemente en entornos urbanos sin estar informados de las regulaciones locales sobre sacrificios de animales que también son importantes de seguir.

¿Pueden sobrevivir los lukumí en la América de Trump?

Bajo la administración de Trump, que complace a la derecha religiosa conservadora y que incluso encuentra el favor entre las filas de algunos practicantes de la religión Lukumí, ha nombrado con éxito a casi una cuarta parte de todos los jueces federales activos en los Estados Unidos durante los últimos cuatro años. Piense en lo que esto significa por un minuto. ¿Cree que babá Pichardo o babá Merced encontrarían a jueces solidarios hoy en día? Creo que estas batallas pasadas hubieran sido significativamente más difíciles de ganar en el clima actual de racismo y disturbios civiles y sociales.con éxito a casi una cuarta parte de todos los jueces federales activos en los Estados Unidos durante los últimos cuatro años. Piense en lo que esto significa por un minuto. ¿Cree que babá Pichardo o babá Merced encontrarían a jueces solidarios hoy en día? Creo que estas batallas pasadas hubieran sido significativamente más difíciles de ganar en el clima actual de racismo y disturbios civiles y sociales.

Es primordial que nosotros, los orgullosos y ferozmente independientes lukumí, desenterremos como el avestruz nuestras cabezas colectivas de la arena y realmente nos aferremos de la fuerza que existe en nuestros números. Tenemos que dejar de repetir, como un loro que solo conoce una sola frase, a Ogunda Masa. Si queremos sobrevivir en el futuro, tenemos que empezar a aprovechar las estructuras de poder que tan bien sirven a otros religiosos.

Tal vez sea el momento de empezar a llevar adecuadamente esas llamadas “coronas” y pensar en el bien colectivo y no en la gloria individual. Solo entonces podremos tener algo de gran valor para legar a las generaciones futuras, algo que vaya más allá del tribalismo, más allá de quién tiene razón o quién está en lo correcto sobre el meollo de los rituales.

Este artículo será una sorpresa para babá Pichardo y para mi propio padrino babá Merced y estoy a punto de pedirle un pequeño favor. Tómese un momento para mostrarles que lo que hicieron por todos nosotros es muy importante. Sus nombres tienen enlaces a sus páginas en caso de que desee expresar sus amables pensamientos y su apoyo por las batallas ganadas que con tanto esfuerzo que lideraron y lucharon por todos nosotros.


Además, les ruego que se tomen un momento de tranquila contemplación para reflexionar sobre mis palabras. Les garantizo; no soy la única que se queda despierta por la noche bajo el aislamiento del COVID-19 pensando en el futuro. Elijo creer que juntos podemos crear un futuro en el que como Lukumí aprendamos a ser verdaderamente diversos e inclusivos y a apoyarnos unos a otros en lugar de refugiarnos en la comodidad de las pequeñas islas de nuestros templos hogar.


Omimelli

Oní Yemayá Achagbá


PS. Mil gracias a Babá Antonio Mondesire por su apoyo y por su confianza, nuestra historia y nuestra batalla para apoyar a los lukumí apenas comienza.

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