Lecciones de Orisha Oko, Obí y Eleguá©


Orisha Oko forrado en cuentas por Omimelli

Las cosas más simples pueden enseñarnos las lecciones más profundas. De la misma manera en que se dice que Sir Isaac Newton fue inspirado por una manzana que le cayó en la cabeza, yo encontré inspiración en un par de cocos viejos. Afortunadamente, no me tuvieron que caer en la cabeza para inspirarme.


Según se aproxima la fecha de mi aniversario como olosha, acostumbro a poner al día mi cuarto de santo. Mientras barría el piso, mis ojos se posaron sobre Orisha Oko. Los cocos y la teja de barro muestran el pasar de los años. Ya hace 25 años desde que los pinté. Tomé los cocos en mis manos y me transporté al día en que mi padrino, José Bravo, Jr. Omí Oké, me entregó Orisha Oko.


Como olvidar la belleza de la ceremonia y las bendiciones que ha impartido en mi vida gracias a mi padrino. Su amor y su devoción por los orishas me inspira. Mi propia devoción y el acto de escribir en The Mystic Cup para compartir mis experiencias rinde tributo a su influencia y la influencia de otros mayores en mi vida. Mientras que algunos omó Orisha Oko puede que elijan simplemente pintar otro par de cocos y ya, mi punto de vista es diferente. Yo me rehúso a reemplazar lo viejo solo por conveniencia.


Cocos de Orisha Oko relucientes con cuentas nuevas

Los cocos me hicieron pensar en la necesidad de constantemente lograr un balance. En este caso, balanceando lo viejo para hacerlo reemerger enmarcado, renovado y listo para servir y sobrevivir con belleza. Es crucial el recordar que nuestra religión tiene vida propia y que para que continúe siendo relevante y útil, tiene también que adaptarse para sobrevivir como lo ha venido haciendo. Nuestra religión es una confluencia de fuerzas de la naturaleza, no es estática. Los oloshas inteligentes saben lo que es fundamental y lo que debe ser preservado, y, lo que debe ser realzado y elevado para mantenerse relevante en un mundo en constante cambio.


Un patakí, tres lecciones profundas


Voy a resumir y a proveer mi propio análisis de uno de los patakís favoritos de mi hijo Ayótomíwá, quien es hijo de Eleguá. Olodumare reconoció a Obí, el coco, por su humildad, justicia y belleza. Obí era todo blanco, por fuera y por dentro. Él tenía un lugar de honor muy alto en la palma, también se le otorgó un alma inmortal.


Sin embargo, Obí se tornó orgulloso. Un día, Obí decidió hacer una fiesta y le pidió a su amigo Eleguá, quien siempre está bien conectado y conoce a todo mundo, a que se encargara de hacer las invitaciones. Junto con los acomodados, llegaron muchos mendigos a la fiesta. Obí se ofendió al ver a mendigos forasteros sucios en su fiesta y avergonzó a Eleguá al botarlos de la fiesta.


Olodumare, fingiendo no saber lo que había pasado en la fiesta, le pidió a Eleguá que fuera a visitar a Obí. Eleguá se negó. Olodumare entonces decidió visitar a Obí por sí mismo pero vestido como mendigo. Obí al abrir la puerta y ver al mendigo le ofendió inmediatamente señalándole que estaba sucio y desaliñado. Cuando Olodumare reveló su identidad, ya era demasiado tarde para que las excusas de Obí hicieran diferencia alguna.


Lección 1: arrogancia y respeto


En su sabiduría, Olodumare le señaló a Obí que había perdido su modestia y su humildad. Él había sido exaltado a una posición alta y ahora debía aprender una lección por abusar de ese estatus. Los mendigos, los forasteros y la mayor parte del mundo, se habían convertido en una molestia. Obí había perdido una perspectiva importante, los forasteros son hijos de Olodumare al igual que los que pertenecen al entorno más intimo de Olodumare. La auto percepción de grandeza de Obí le hizo sentir impenetrable y comportarse con arrogancia y falta de respeto para con otros. Olodumare estaba por aclarar la situación y corregir a Obí.


Lección 2: conozca su lugar


Olodumare le dijo a Obí que seguiría viviendo en lo alto de la palma. Sin embargo, ya no sería blanco tanto por dentro como por fuera. Obí conocería los estragos del tiempo y estaría sujeto a las leyes de la naturaleza de las cuales Olodumare le había hecho exento hacía mucho tiempo. Obí ahora pasaría de verde a marrón por fuera y seguiría blanco por dentro para recordarle que es albacea de un alma inmortal. Sin embargo, todos sabemos que aun el más blanco de los cocos puede ser devastado por moho y putrefacción. Por tanto, todos debemos cuidar de nuestra alma y no lastimarla con arrogancia y orgullo. No importa cuán tan alto Obí sea elevando, nunca podrá estar por encima de Olodumare.


Lección 3: servicio y humildad


Olodumare le ordenó a Obí caer de la palma y rodar a tierra. El color oscuro de su exterior al rodar al suelo sería el continuo recordatorio de su ofensa. Mientras que su color verde y las propiedades del coco fresco y su agua significan la esperanza de poder redimirse por medio del servicio a la humanidad. Olodumare le mostro misericordia a Obí al convertirle en un instrumento de comunicación para predecir lo bueno y lo malo para todos los hijos e hijas de Olodumare. Además, Olodumare le otorgó a Obí la oportunidad de sanar su relación con Eleguá al servirle como un oráculo para apoyar a toda criatura de Olodumare en busca de ayuda al pie de Eleguá.



Eleguá de Ayótomíwá pintado por Omimelli

Les dejo con algunas consideraciones sobre los cocos. Es prudente evitar los errores de Obí. En un mundo donde se valora y se lucha por la equidad racial, la justicia social, la diversidad de pensamientos y la inclusión de ideas, sería iluso que los iniciados soslayaran a los forasteros. Sus opiniones sobre nuestras comunidades son importantes. Manténgase humilde. La mayor parte de nosotros empezamos nuestro camino y nuestra búsqueda desde afuera para poder llegar a Olodumare.


Omimelli

Oní Yemayá Achagbá

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