Padre e hija de Cusseta fallecen en la I-85, cuando los dones espirituales pesan


Haré esto breve. Hoy mi esposo, mi hijo y yo nos dirigíamos a Columbus, GA, para recibir nuestra segunda vacuna COVID-19. Estaba distraída al teléfono, mi esposo conducía y el mundo se detuvo. Algo me dijo que mirara a la derecha. Emergencias médicas estaba ahí, había un auto volcado. Los bomberos sostenían una manta sobre algo en la maleza. Mis tripas se sintieron como gelatina. Una voz me preguntó, "¿por qué estoy volando?". Nuestro auto siguió de largo con el tráfico. Mi esposo temblaba al volante, tenía piel de gallina hasta la cara. Su rostro estaba pálido. Me dijo que sentía un vacío en el estómago y que el espíritu de un muerto le acompañaba. Yo le dije, no es uno, son dos. Uno está conmigo, volando, volando junto al auto.

Describí a un ente un joven confundido, desconcertado por los árboles debajo de él o ella; No sabía en ese momento su género y no era importante. El espíritu estaba divertido de volar, tenía miedo de volar. Los árboles parecían vivos y el día se extendía como una verde manta.

El camino se extendía frente a nuestro automóvil. Mi esposo no pudo evitar el miedo y la confusión. Para él, era como si alguien se estuviera ahogando y aferrándose con uñas y dientes a la vida. Mi esposo estaba tratando de zafarse de una muy incómoda sensación. Podía sentir a la persona que había fallecido. Mi esposo es un médium / Palero, y, esta entidad se aferraba a él buscando respuestas.

A medida que pasaban las millas entre el lugar del accidente y nosotros nos pusimos a orar juntos por las almas perdidas, la normalidad fue regresando lentamente. Seguimos nuestro camino y llegamos a Columbus. Nos vacunamos y regresamos a casa. Hasta esta noche, mientras hablaba con una hermana de santo y le contaba mi experiencia, mi esposo entró al sótano para compartir un enlace a una noticia. Quería que supiera que había acertado y que tal como le describí, no fue una sino por dos víctimas de accidentes y una mucho más joven. Mi corazón se me fue a los pies. Pensé en la madre y esposa. Señora, quienquiera que sea, su hija está bien. Ella está bien. Su esposo estaba confundido y temeroso en sus últimos momentos, pero se adaptará una vez que se complete la transición. No puedo decir mucho más sobre él porque no se comunicó conmigo. Su hija si lo hizo. De nuevo, ella está bien. Hay momentos en los que no quiero este regalo. Espero que mis palabras lleguen a usted de alguna manera. No me atrevo a interferir con su duelo. Sepa que, es amada, donde quiera que usted esté.



Omimelli

Oní Yemayá Ashabá

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